“El pelele”

Me encontraba una vez mas frente a mi pantalla, viendo a este pelele.  Un personaje con cero carisma que tiene la osadía de aparecer en TV como si fuera el gran simpático, como si el creyera que arrastra multitudes, que tiene miles de fans siguiéndolo, como si su marchito programa rompiera con todos  los estandares de raiting.  Realmente no sé quien es mas estulto, si “el pelele” al aparecer con tremenda frescura ante las cámaras o el canal que estúpidamente lo contrató.

Al observar su patético rostro y escuchar su pobre entonación y limitado vocabulario,    mi mente voló… Y qué si uno de estos días lo veo cara a cara?  Y qué si veo que hace a diario?  Y qué si veo con quien vive, como vive e incluso que come?  Y qué si veo que personas lo rodean y si veo quien es verdaderamente este inicuo personaje cuando deja el desdichado set de TV?  Y qué si estudio a fondo su horario, su arribo a la su oficina, el restaurante que frecuenta y la hora en que llega a su casa?

Me embarga la idea de tener un interesante encuentro con “el pelele” pero lo atrayente de esto es que no iría solo.  Voy a invitar a mi gran amiga fría y plateada, aquella que siempre está cargada, que siempre está lista.  Esa amiga que nunca pregunta a donde vamos, sino que simplemente desea ser mi cómplice en todo, sin siquiera replicar.

Al continuar viendo su funesta cara en la TV, día a día alimentaba más la idea de saber más de “el pelele” para así propiciar nuestro encuentro, claro que no iba a ser un encuentro bilateral puesto que el único que sabía de nuestra cita, era yo.

Durante semanas estudié cada paso que daba, conocía a fondo su agenda, incluso supe quienes eran sus amistades más frecuentes (muy pocas por cierto). Y tengan la seguridad que su ausencia de fans era absolutamente notable.  Al saber más y más de la vida de “el pelele”  (cariñosamente lo llamo así) hizo que mi repulsión fuera mayor.

Llegó esa congelante madrugada, donde ni siquiera mi pasamontañas de lana logró mitigarla en nada.  Una gran helada estaba azotando la ciudad, eso sumado a la adrenalina que corría por todo mi cuerpo, me hacía temblar ante mi cercano y  frío triunfo que estaba por cumplirse.

Finalmente me encontraba allí, en medio de la oscuridad frente a su ventana, donde estaba disfrutando de una vista espectacular; lo digo porque sabía que aquella madrugada sería la última vez que iba a ver su nulidad de ser.  “El pelele” simplemente iba a ser historia.  Muy suavemente deslicé la ventana de su habitación, abriéndola lo suficiente para introducir a mi aliada.  Agachado abrí con tino mi mochila negra, tome entre mis temblorosas manos a mi gran  e inseparable amiga “silver” (como afectuosamente la llamo).  Apresuradamente la dirigí hacia este prototipo de ser humano que yacía confiadamente en su lecho de sueño ignorando su final. Y estando su cabeza frente a la mira, suavemente empecé a mover el gatillo de “silver”.  Cada milímetro de su recorrido (el del gatillo, quiero decir) marcaba 100 de mis palpitaciones.  Aturdidamente pensaba, estoy aquí y lo estoy haciendo, y lo voy a lograaaar!!  Al casi cumplir mi cometido, súbitamente estornudé, esto alertó los perros de los vecinos los cuales ladraron a mil revoluciones por minuto violando la discreción del momento. Sarcásticamente se activaron los sprinklers (aspersores).   Que más puedo decirles, el resto es historia.        La verdad, todavía me parece inverosímil.

Lo peor no era haber fracasado en mi misión de eliminar a “el pelele”  Lo peor era tener que enfrentarlo a la mañana siguiente.  Una vez más tenía que soportar su insufrible presencia en TV.  Aquel día lo vi más patético que nunca.  Pensar que pude cambiar la historia y no lo hice.  Nunca imaginé que el traidor de mi cometido iba a ser mi propio cuerpo (recuerdan el estornudo?).   En fin, continué pensando y pensando y lo vi a “el pelele” con tal atención que me di cuenta que su miserable existencia ni siquiera valía una bala de mi inseparable amiga “silver”   Fue entonces cuando decidí cambiar de canal y no volver a ver a este sórdido personaje pobre de carácter y de estima.  “El pelele” nunca más iba a ser parte de mi vida diaria, nunca más: asenté.  Quedó eliminado para siempre.

Si lo hubiera pensado así desde un principio, cuanto trabajo me hubiera ahorrado.  Pero sabes algo?  Todavía quedas tú.  Qué tal si eres tú quién decide estar tras el gatillo? Por qué no?  (pero por favor, toma vitamina C).

O será que eres tú ese amargo personaje que todos quieren verlo desaparecer? Y no necesariamente tienes que salir en TV…

No te extrañes entonces si alguien aguarda tras tu ventana porque un día decidió llamarte:  “El pelele”   Tal vez no tengas tanta suerte como él.

About Amadeus Urban

I am what I am Sólo soy quien soy
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