Charlie

Se sentía atemorizado al ver esos grandes ojos azules.  No era por ese brillo intenso, sino por la expresión que fríamente emitían.  Al perderse entre su mirada  podías palpar claramente la maldad viva, cuyo parpadear bruscamente te despertaba de su hechizo.  Una influencia casi maligna estaba a flor de piel y la podías sentir a través de esos ojos.  Esta malicia no iba a desaparecer con su dulce pero manipuladora sonrisa.

Pero qué estoy diciendo??  Dios mío, que es lo qué me pasa?  Pero si estoy hablando de mi propio hijo!  Exclamó este confundido padre al observar con remordimiento a su pequeño Charlie comiendo en su sillita con el babero de osito, cuyos colores brillantes estaban escondidos bajo unas cuantas manchas de puré de frutas.

Por alguna razón este hombre no quería quedarse a solas con su pequeño.  Su madre era una mujer tremendamente exitosa en su labor -la abogada más reconocida de la ciudad- así que era él quien tenía que hacerse cargo de su hijo Charlie.  La pareja antes de casarse hizo un convenio: Nunca dejar a sus hijos en manos de extraños y más aún a esa temprana edad.

El salario de su esposa cubría todos los gastos de la familia holgadamente y al papá de Charlie no le incomodaba que los papeles en casa hayan sido cambiados.  Podían darse sus gustos, como la compra de esa preciosa casa frente a la playa donde iban a pasar juntos el verano.  Pero los problemas empezaron a surgir desde el momento que el papá de Charlie se dio cuenta que su hijo no era el bebé adorable que todos pensaban.

Al dejar su esposa la casa temprano en las mañanas, este hombre trataba por todos los medios de salir inmediatamente con el bebé, ya sea de compras, ir al parque o lo que fuera.  Pero por nada del mundo quería quedarse a solas con el pequeño Charlie.  A su esposa no le había comentado nada de lo que sucedía, porque sabía que ella ya tenía suficientes problemas en su oficina y lo menos que deseaba era provocarle otros en casa.

Los días transcurrían y no solo Charlie crecía sino también su maldad.  El perro del vecino no soportaba verlo pasar en el coche empujado por su papá.  Este gigantesco san bernardo se ponía a ladrar sin control tornándose violento, a pesar de ser uno de los perros  más mansos del vecindario.  Max era conocido como un perro juguetón que disfrutaba de la compañía de todos los niños de la cuadra.  Pero sin embargo con Charlie era diferente y sólo su padre conocía las razones.

El papá de Charlie confirmó su escalofriante teoría con respecto a su hijo cuando notó que nunca lloraba.  Nunca en todos esos meses, ni recién nacido.  Ni siquiera cuando por un descuido tonto de él abrochándole el cinturón de seguridad del coche, machucó su diminuto dedo índice; que incluso llegó a tornarse morado en la zona afectada.

Momentos después de dejarlo en su cuna para que durmiera la siesta, siempre, escuchaba la voz de un adulto dentro de la habitación hablando y hablando.  La primera vez que esto sucedió, pensó que era la televisión que estaba encendida, pero el evento se repetía constantemente sin haber ninguna explicación lógica.  Ya era innegable.

Al salir a su caminata matutina, el papa de Charlie extrañó los fuertes ladridos de su inusual acompañante.  Un vecino le comentó que el pobre Max había amanecido muerto.  Algo extraño puesto que era un perro joven y sobre todo sano.  Ante la noticia el pequeño Charlie dibujó una peculiar sonrisa en su rostro.  Su papá apresuró el paso.

Durante los dos meses siguientes, el vecindario fue testigo de tres muertes más,  pero el deceso que más sorprendió a todos fue el de la joven que trotaba todas las mañanas más de diez millas.  Aparentemente estaba llena de vida y tenía toda una carrera brillante por delante.

El papá de Charlie comenzó a pensar en esta joven, todas las mañanas se cruzaba con ella mientras paseaba a Charlie en su coche como era costumbre. Y recordó que ella nunca volteó a mirar al bebé, solo lo saludaba a él.  Con detalle empezó a recordar, cuando ella se empezaba a acercar (trotando) Charlie comenzaba a mover sus cortas piernas con rapidez y prácticamente se carcajeaba tratando de llamar su atención coquetamente, pero esta joven atleta nunca lo determinó.

La cajera que siempre atendía a Charlie y a su papá en el supermercado, una tarde en particular lucía muy atribulada, tanto que ni siquiera tuvo una palabra de cariño para el bebé (como siempre solía hacerlo).  Una semana después otra cajera estaba en su lugar.  Su papá preguntó por ella a lo que la nueva cajera -aún en entrenamiento- le respondió:  Olga falleció hace 4 días señor, lo siento!  El papá de Charlie quedó pasmado con la noticia.  Sus piernas casi no le permitían caminar.  Su hijo lo miró sentado en el carro de compras y le hizo esa sonrisa escalofriante  que su padre tanto detestaba.

Ya eran demasiadas coincidencias y el papá de Charlie sabía que no lo eran.  El esa noche estaba muy nervioso, era como si algo le estuviera previniendo que lo peor estaba por suceder.  Charlie finalmente se quedó dormido en su cuna, y su papá estaba empezando a sentirse preocupado porque su esposa no llegaba. El reloj marcaba las 10:36 PM y nada, ni una llamada.  Finalmente sonó el timbre y cuando abrió la puerta ansioso, era su amada esposa.  Tenía en la mano una bolsa de compras y en la otra una botella de vino.  Mi amor, esta noche vamos a celebrar como nunca!!  Hoy tu esposa cerró el mejor trato de su vida, por eso no quería contestarte al celular, porque quería darte la sorpresa.  Esta noche se trata únicamente de nosotros dos.  Y se abrazaron por largo tiempo.  Pasaron una velada excepcional, hasta altas horas de la noche conversaron, se rieron y demás.  Como hace años no lo hacían, tal y como cuando eran novios.

Esa noche al infortunado padre se le olvidaron todos los problemas con su hijo Charlie de apenas 8 meses de edad.  Durmió plácidamente al lado de su esposa.  Al otro día tuvo un despertar increíble, se sentía como nuevo, los rayos del sol que traspasaban las cortinas de su habitación eran como una pequeña gran señal que todo iba a estar bien.  Al despertar a su esposa ella no se movió para nada, al moverla de nuevo su brazo cayó y quedó colgado inertemente de la cama.   El se puso a gritar como un desquiciado tratando de revivirla y gritaba y gritaba ahogándose en su propio dolor, de pronto recordó las palabras de su esposa:  “Esta noche se trata únicamente de nosotros dos…”   Turbado gritó: Charlieee!

En ese momento escuchó una voz a lo lejos:  Mi amor, mi amor, qué te pasa?  Despierta por favor!  Cuando abríó los ojos vio a su hermosa esposa.  El no lo podía creer, estaba viva, ella estaba viva.  Le dio un gran beso cargado de emoción, saltó de la cama y corrió al cuarto de Charlie.  La habitación estaba prácticamente vacía, unas cuantas cajas apiladas se encontraban en la esquina.  Encontrándose parado y confundido en dicha habitación, su esposa lo abrazó tiernamente por detrás y le dijo:  Qué pasa amor, por qué estas actuando tan extraño?  Pero qué sucedió con este cuarto? Le preguntó él.    De qué hablas?  Le contestó ella.  Si esta habitación ha estado así desde que nos mudamos, es más, llevo meses rogándote para que la pintes.  El sorprendido le contestó: Pero entonces no  hemos tenido un… Su esposa interrumpiéndolo le dijo:  Mira, ya me tengo que ir a arreglar porque se me está haciendo tarde.  Hablamos luego.

Este hombre no podía creer que todo lo que había vivido era únicamente una horrible pesadilla.  Todas esas muertes absurdas, nada era real.  Gracias Dios Mío! Gracias de verdad!  Qué alivio que aquel monstruo llamado Charlie no es mi hijo, es más, ni siquiera existe.

Su esposa continuaba duchándose mientras que él estaba recostado en la cama pensando lo afortunado que era al tenerla únicamente a ella (sin intrusos psicópatas como el pequeño Charlie) Repentinamente su esposa saltó encima de él con su bata rosa pálido de seda  y con el  cabello mojado.  El se metió el susto de su vida.  Su esposa burlándose un poco de su cara y con una dicha increíble le dijo:  Mi amor, mi amor, vamos a tener un precioso bebé!  Y movía emocionada de un lado a otro la prueba de embarazo que sostenía en su mano derecha.

About Amadeus Urban

I am what I am Sólo soy quien soy
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